¿Quiénes somos?

Escuela Venezolana de Planificación

Paradigma Educativo-Político Nuevo

La Escuela desarrolla un paradigma educativo-político nuevo que:

  1. Enfatiza en la actividad -en la práctica- de la planificación, sin abandonar la reflexión teórica que se realiza a partir de y regresa a la práctica.
  2. La actividad de planificar, por lo tanto, se aprende practicándola y reflexionando tanto en el proceso de cada proyecto como sobre su producto=el plan.
  3. Al practicar la actividad se la va configurando, sabiendo que es siempre singular, haciendo de cada proyecto de planificación pública un caso único.
  4. Educar en y sobre la planificación se hace centrando la docencia en los estudiantes, más que en los profesores, y se lo realiza involucrándolos en proyectos desde el principio, donde cada uno tiene que interpretar y criticar la realidad (presente y futura) de la situación considerada, en un espacio y tiempo determinados, proponiendo determinadas soluciones transformadoras.

Por lo tanto, la escuela plantea incorporar en todas las situaciones docentes los procesos de la planificación como eventos dinámicos, dialécticos, bajo presión e incertidumbre; enseñando y aprendiendo que, no sólo se implican al responsabilizarse individual y colectivamente, sino que el compromiso es múltiple.

Así, se pretende que todos aprendamos a asumir conscientemente los inevitables riesgos que todo proyecto de planificación involucra, y hacerlo del modo más responsable, transparente, democrática y provisoriamente posibles. Desde el punto de vista educativo, esto se realiza afrontando problemas y conflictos socio-político-económicos concretos en los ‘Talleres de Proyectos de Planificación’.

En resumen: la Escuela, más que un ‘campo de conocimiento’ de una disciplina o una profesión universitaria, es un espacio de educación gubernamental para actuar, para guiar y accionar, para prever deliberada y conscientemente el futuro y para aprender todo esto interactuando respetuosa y dinámicamente con los otros (incluyendo las comunidades y el ambiente).

Además de educar a los líderes de los Consejos Comunales y de otras formas y niveles de organización social, la Escuela también asume la educación de los funcionarios, directivos y administradores de las instituciones del Estado que están involucrados o se tendrán que involucrar con proyectos de planificación. Una imperiosa razón adicional para esto es que desde 2006 los presupuestos de la Nación se hacen basados en ‘proyectos‘ (‘presupuesto por proyectos’), en vez de en ‘programas‘ (presupuesto por programas). Tenemos que lograr a corto plazo equipos de  profesionales, técnicos superiores y ciudadanos organizados (actuando en los Consejos Estadales, Locales y Comunales de Planificación) que estén bien estructurados entre sí, equipados, preparados y conscientes de sus responsabilidades en la formulación de sus respectivos proyectos. Por lo tanto, que estén objetiva y subjetivamente capacitados para asumir  las nuevas y renovadas funciones de jefatura y control público del proceso complejo y a veces muy complicado del cambio estructural formulado en la Constitución Bolivariana. 

Planificación participativa

La planificación participativa como clave para diseñar la transición al socialismo

De lo anterior se deriva que la democratización de la planificación pública pone a prueba la ‘capacidad vital’ de cada ciudadano comprometido a trabajar en los procesos del cambio estructural, de la transformación del país. Esto implica que, en el actual proceso de transición (1999-2013), se requiera que toda la población se involucre con los procesos y situaciones de la planificación pública. Es un verdadero asunto de la sustantiva participación. ¿Por qué participativa?

La planificación pública participativa es una forma, aunque no la única ni siempre determinante, que tienen los ciudadanos comprometidos de apropiarse del mundo, proceso que nunca termina.

La planificación pública participativa es un nuevo sistema de uso que demanda un tipo singular de aprendizaje, especialmente ‘aprender a reflexionar en la propia acción de idear, de proponer, de inventar planes’, cuyo propósito inmediato es que se actúe para cambiar la realidad existente que ya no satisface y/o para satisfacer nuevas necesidades.

La participación responsable, competente y protagónica en la planificación pública de los ciudadanos organizados es siempre, en algún grado y medida, una exigencia para la autoreproducción ciudadana. Esto implica que una verdadera ciudadanía asume su responsabilidad a través de las diversas acciones de su involucramiento en la resolución de conflictos en el momento histórico que a cada generación le toca vivir, y que tal proceso tienen que ser continuo, deliberado y planificado-acordado entre ellos y conjuntando y coajustado con otros similares en los planes más generales y englobadores municipales, estadales y nacional.

A través de la participación en la planificación pública, el ciudadano se objetiva: prefigura y forma su mundo, a través de lo cual también se prefigura y (re)forma a sí mismo al interiorizar el proceso social de planificación en que se involucró.

Cuando el ciudadano planifica, cuando crea anticipadamente su mundo, se crea a sí mismo. Proyectar un mundo alternativo es proyectarse a sí mismo, es formular un ‘proyecto de vida’ individual y colectivo compartido.

En los procesos de cambio, sobre todo de cambio estructural, la participación ciudadana en la planificación pública implica dejar de ser ‘representante de aquel mundo donde sus padres y él o ella habían nacido y criado’, para convertirse en reales creadores de un mundo diferente, alternativo, posible. Planificar en el ámbito público se convierte en parte de un nuevo tipo de ‘vida cotidiana’ porque es trabajo, trabajo generalizado a toda la comunidad. Es, además, el potencial y más apropiado sistema de uso para erradicar el ‘desempleo’ y generar trabajo.

La planificación pública participativa es uno de los pocos escenarios espacio-temporales de encuentro de ciudadanos iguales.

La participación consciente y deliberativa del ciudadano en su planificación pública implica romper con cualquier residuo de ‘Humano particular’ que pudiera quedar todavía, viéndose forzado por su propio trabajo planificador a ser un ‘humano singular’, un humano creador y proyectista de su propia vida, con normas propias (= plan de acción).

Por lo tanto, el pueblo, la sociedad organizada, tiene que apropiarse de:

  1. La planificación pública en tanto actividad (= práctica no de un mero ‘hacer’, sino como ‘algo socio-política e históricamente construido’) y objeto (= la sustancia sobre qué y cómo la nueva sociedad se manifiesta concretamente en el proyecto específico de la comunidad)
  2. Los ‘sistemas de uso’ de la planificación pública y de los elementos que la componen y rodean.
  3. Las instituciones involucradas, directa e indirectamente.
  4. La reproducción social de la planificación pública.
  5. La propia reproducción de cada agente planificador público participativo.

Necesidad de formación

Sobre la necesidad de formar líderes, cuadros, funcionarios y ciudadanos creativos

Pre-establecer, como punto de partida, la identificación del tipo de ser social al cual van dirigidos los esfuerzos de la Escuela, como por ejemplo, ‘lideres, ‘cuadros políticos’, ‘funcionarios’ y ‘ciudadanos’, concentra con claridad y transparencia el propósito de todo este esfuerzo institucional. Partiendo de esto se evidencian dos cosas:

  • No hay ambigüedad. La escuela asume desde el principio un claro propósito político-ideológico, y busca ponerlo en práctica integrando las partes en un todo coherente y bien coajustado.
  • No hay dispersión. La escuela concentra sus esfuerzos de manera tal de alcanzar los resultados esperados, creando a la mayor velocidad posible la mejor calidad de un nuevo tipo de ser social del que Venezuela todavía carece.

Cuando se pre-establece que queremos formar un ‘nuevo tipo de ser social’, no se refiere exclusivamente al manejo adecuado de contenidos programáticos (asunto que también tiene que alcanzarse con la mayor calidad posible), sino además y fundamentalmente lograr un militante realmente implicado, inteligente, apto, resolutivo, propositivo, entusiasta, creativo, leal y honesto.

La misión "Planificar"...

… O la misión de la Escuela Venezolana de Planificación

Se plantea así generalizar la planificación pública a todo el pueblo venezolano y, progresivamente, lograr que el colectivo domine y guíe los propios procesos de planificación en todos los niveles de gobierno. Así, crear entonces un estilo o modo venezolano de planificar, cuya concepción, construcción teórica y puesta en práctica democráticas cumplan con los cuatro campos de acción que se le establecen. Estos son:

  • Desarrollo del pensamiento venezolano sobre la planificación.
  • Apoyo y asistencia a proyectos de planificación especiales, así como a comunidades, para que participen protagónicamente en la formulación y diseño de sus propios planes.
  • Demarcación de la profesionalización de la planificación de políticas públicas.
  • Formación de planificadores tanto de las instituciones públicas como de las comunidades organizadas.

Bajo tales planteamientos y logros es que se establece la necesidad de crear la ‘misión: Planificar’.

Propósito de la Escuela Venezolana de Planificación

Para ejecutar el cambio estructural que el Proyecto Nacional de la República Bolivariana de Venezuela tiene formulado en sus documentos fundacionales, así como transitar al socialismo, la Escuela Venezolana de Planificación se propone:

  • Crear conciencia y compromiso democrático con la planificación pública.
  • Elevar el nivel teórico-práctico de la planificación pública, y
  • Educar -en su sentido más amplio- a corto, mediano y largo plazo, un gran contingente de proyectistas y planificadores (profesionales, técnicos y ciudadanos interesados), no sólo capaces de asumir la responsabilidad de formular y desarrollar planes, sino además de administrarlos y conducirlos, también dirigirlos hacia la meta y ejecutarlos próvida, eficaz y eficientemente. Todo esto implica modernizar el sector público y el desarrollo político-social del pueblo venezolano.

La Escuela Venezolana de Planificación entonces combina e integra cuatro aspiraciones:

  1. Constituirse como una escuela de pensamiento; es decir, lo que caracteriza el modo singular -el sistema- de planificar en Venezuela, su teoría y práctica, su entidad y procesos, deviniendo referencia nacional e, incluso, internacional. Pensar a Venezuela no sólo en términos pasados y presentes, sino también y fundamentalmente sobre su futuro, deseado y posible. La escuela concebida y puesta en práctica como un centro de reflexión a partir de la Constitución, donde el proceso mismo de planificar es parte de la sustancia de crear.
  2. Abrirse como extensión y servicios político-profesionales, en cuanto a la vinculación directa con la realidad y a la inversa, introduciendo la realidad en la Escuela.
  3. Formular los ámbitos y atribuciones de los ejercicios profesional y técnico de la ‘planificación pública’ en sus niveles y marcos legales e institucionales. Establecer los requisitos mínimos de capacidad, habilidad, comportamiento, desempeño, cumplimiento y responsabilidad que los funcionarios deben tener.
  4. Funcionar como una institución educativa de alta calidad abierta a todos los sectores y niveles políticos nacionales, regionales y locales, y a la ciudadanía organizada. Educación tanto teórica como práctica de la planificación de políticas y planes públicos, con sus presupuestos, implicando no sólo la anticipación y prefiguración sobre los futuros posibles, deseables y viables. Una de las funciones en la que debe capacitarse es la del ‘seguimiento de las decisiones de gobierno y evaluación de los resultados’, logrando lo que podría llamarse el ‘posicionamiento de proyectos’.

Es importante aclarar, sin embargo, que las tres funciones de la educación tradicional tendrán una sustanciación más avanzada y fuertemente determinada por la dinámica Estado-sociedad, teoría-práctica, y proyectos reales-abstracciones sistematizadas, administrando su propio tiempo (lo más intensivo posible, asunto que los diversos corporativismos internos de las Universidades no aceptan) y los espacios, no sólo físico de la sede principal y de las subsedes que se construyan en el futuro, sino además del espacio virtual, abarcando todo el territorio nacional y parte del internacional. Al ser una institución del Estado, concretamente del poder Ejecutivo en su instancia del Ministerio del Poder Popular para la Planificación y Desarrollo, estas tres funciones educativas estarán al servicio de los planes de la Nación.

Los deseos y sueños políticos que no se convierten en planes de vida y acción y aquellos otros que aunque si devinieron planes no se ejecutan, es mejor considerarlos como que ‘no existen’, puesto que no hacen realidad. No son motores de lucha, de experiencia ni de aprendizaje social. Para poder ser eficaces y eficientes en la lucha revolucionaria, entonces, es necesario pero no suficiente:

  1. Concretar y debatir las ideas propuestas
  2. Transformar las ideas propuestas en planes
  3. Proyectarlas lo más democráticamente posible
  4. Ejecutarlas co-responsablemente con probidad

Además, hay que tener éxito, evitando los efectos colaterales indeseados.

Así, crear una nueva realidad, cuestionando y transformando la anterior.