(Prensa EVP – Caracas, 28 de mayo de 2026).- Con una masiva participación que superó los 17 mil ciudadanos a nivel nacional, se llevó a cabo una nueva jornada del Plan de Formación Masiva en Planificación Popular, centrada en el curso “Consensos Productivos. Encadenamientos Estratégicos para el Desarrollo”. El encuentro estuvo liderado por el vicepresidente Sectorial de Planificación y ministro del Poder Popular para la Planificación, Ricardo Menéndez, en compañía del Secretario Ejecutivo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), Rander Peña.
Durante el curso, los ponentes coincidieron en la urgencia de estructurar los nuevos acuerdos de la República en torno a las dinámicas de producción real. El objetivo central es neutralizar los efectos de las medidas coercitivas unilaterales, transformar el metabolismo del capital y sembrar las bases de una integración latinoamericana profundamente material y soberana.
Transformación económica desde las bases y la Planificación Popular
En su intervención, el vicepresidente Ricardo Menéndez aseveró que el enfoque principal de la gestión pública actual apunta hacia la necesidad de edificar consensos nacionales estrechamente ligados a los aparatos productivos. Esta jornada formativa, explicó, se acopla directamente con la gran jornada nacional y la segunda fase de la peregrinación económica convocada por la presidenta encargada de la República, la cual ha trasladado su radio de acción desde las capitales de estado hacia los espacios productivos para interactuar cara a cara con los actores de base.
Menéndez recordó que las siete líneas de Consensos propuestas por el presidente de la República, Nicolás Maduro, forman parte estructural del Plan de la Patria de las 7 Grandes Transformaciones (7T). «Estos son elementos cruciales para vincular nuevos consensos en nuestro país, esos vienen marcados de la mano de lo productivo. Un nuevo metabolismo del capital, una nueva forma de relacionar y poder generar nuevos esquemas de distribución de la renta en el país», puntualizó el ministro.
Con la asistencia registrada en este taller, el Plan de Formación Masiva en Planificación Popular alcanzó una cifra histórica acumulada de más de 6.3 millones de participantes formados en todo el territorio nacional, consolidando la apropiación social del conocimiento técnico y político.
Ejes estratégicos para un nuevo sistema económico nacional
El titular de la cartera de Planificación desglosó los puntos neurálgicos que guiarán la agenda económica productiva en esta nueva etapa:
- Cadenas de valor con soberanía interna: El ministro instó a superar definitivamente el obsoleto modelo de ensamblaje colonial mediante la creación de cadenas de valor integrales y con soberanía nacional. Para ello, detalló la urgencia de adecuar todo el sistema educativo, desde la educación básica, técnica y universitaria hasta las artes y oficios, con el fin de vincular el bono demográfico del país a las especificidades productivas de cada territorio.
- Reorganización urbano-regional: Se planteó el diseño de un nuevo sistema urbano-regional estrechamente amarrado a las subregiones productivas que derivan de los Motores Económicos de la Agenda Económica Bolivariana. «Es decir, cómo todo el país asume nuevos rostros vinculados a las dinámicas económicas productivas», precisó Menéndez.
- Localización industrial y descolonización: El vicepresidente enfatizó la necesidad de aplicar una lógica inédita de localización industrial que permita descolonizar el espacio geográfico, sembrando los encadenamientos productivos directamente en las regiones para proyectar el futuro de la nación.
- Independencia científico-tecnológica y combate a la intermediación: Menéndez catalogó como un desafío estratégico la conquista de la independencia científica y tecnológica. Asimismo, denunció la persistencia de «relaciones insanas» en el mercado nacional, donde los mayores márgenes de ganancia se quedan retenidos en los eslabones intermediarios en detrimento del productor primario, distorsionando la redistribución justa de la riqueza generada por el bloqueo y las sanciones.
El ALBA-TCP y la complementariedad frente al paradigma neoliberal
Por su parte, el Secretario Ejecutivo del ALBA-TCP, Rander Peña, enriqueció el debate abordando la integración productiva en América Latina y el Caribe como un problema histórico de poder y una disputa frontal entre las lógicas de dominación externa y la soberanía regional. Peña advirtió que la división política y económica de los pueblos del Sur global ha sido el caldo de cultivo para perpetuar la dependencia extranjera, razón por la cual exhortó a consolidar una verdadera independencia basada en la capacidad real de producir regionalmente lo que el continente consume.
El representante del bloque internacional contrastó el modelo integrador del ALBA-TCP con el paradigma neoliberal de décadas pasadas, el cual redujo la integración a la mera liberalización de mercados y a una competencia voraz entre las propias economías del Sur. Frente a esto, reivindicó el concepto doctrinal de la complementariedad productiva, diseñado para articular las fortalezas específicas de cada nación en beneficio del bloque regional.
Como testimonios materiales e históricos de este esfuerzo conjunto, Peña rememoró el impacto social y económico de mecanismos consolidados como Petrocaribe y Agroalba, así como las diversas alianzas estratégicas en materia energética, médica y agrícola desarrolladas de manera conjunta entre naciones hermanas como Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua.
Desafíos hacia la autonomía de la Patria Grande
Al cierre de su ponencia, el Secretario Ejecutivo del ALBA-TCP identificó con franqueza los nudos críticos que aún enfrenta el bloque regional, entre los que destacan la persistencia del modelo extractivista, las fallas de carácter logístico y el impacto de las sanciones internacionales impuestas de forma ilegal a los países miembros.
Peña fue categórico al señalar que la soberanía productiva no es un subproducto del libre mercado, sino que demanda de manera obligatoria una firme dirección política, la coordinación estrecha de los Estados y una planificación regional científica. Sentenció que la unión de la América Latina no puede sostenerse únicamente sobre discursos o retóricas simbólicas, sino que debe asentarse sobre cimientos materiales robustos de infraestructura, ciencia y tecnología para garantizar, de una vez por todas, la autonomía histórica de la Patria Grande.