Ricardo Menéndez: La identidad nacional es una forma de conciencia política y escudo estratégico de la soberanía.

(Prensa EVP – 08 mayo de 2026) – En el marco de la reciente jornada de formación del curso Identidad y Nación. Batalla Histórica, el vicepresidente sectorial de Planificación, Ricardo Menéndez, lideró el debate destacando que la identidad venezolana trasciende la simple contingencia de haber nacido en el territorio nacional. Durante su intervención magistral, Menéndez enfatizó que la venezolanidad es, ante todo, una forma de conciencia superior que se construye y se forma a través del conocimiento profundo de la historia, la participación activa en los procesos sociales y la práctica diaria de los atributos que definen a la República. El ministro fue enfático al advertir que el país enfrenta una agresión continua que busca fracturar el concepto de nación mediante la «caricaturización» de la sociedad, utilizando nostalgias artificiales e imaginarios superficiales impuestos desde el exterior para debilitar la cohesión del pueblo.

Bajo esta perspectiva, Menéndez rescató los aportes académicos del profesor Mario Sanoja Obediente sobre los orígenes de la nación, definiendo la herencia cultural como un proceso de acumulación de los logros del trabajo humano que posee una definición espacial y política ineludible. Subrayó que la identidad nacional está intrínsecamente determinada por la adscripción a un territorio físicamente definido y a una historia común de resistencia. En este sentido, instó a los participantes a utilizar las herramientas de la planificación popular no solo como un instrumento técnico, sino como un mecanismo para consolidar una conciencia histórica que sirva de escudo ante las pretensiones fragmentadoras del imperialismo. «No basta con decir que somos venezolanos; serlo es un acto de voluntad política y de combate», afirmó el vicepresidente al vincular la defensa del Plan de la Patria con la preservación de los valores sagrados de la soberanía.

Luis Britto García: El desmontaje científico de los prejuicios sobre el carácter venezolano

Complementando la visión estratégica del Estado, el reconocido intelectual e historiador Luis Britto García ofreció una disertación enfocada en la «personalidad básica» del venezolano, orientada a desmitificar los prejuicios que históricamente han sido utilizados para menospreciar al grupo social nacional. Britto García explicó que la identidad se manifiesta a través de un temperamento heredado y un carácter aprendido en la convivencia social. Basándose en estudios de psicología social, desmintió el mito del venezolano como un ser puramente extrovertido o ruidoso, señalando que existe un equilibrio real del 50% entre introversión y extroversión, ajustado a los estándares mundiales, al igual que los niveles de inteligencia promedio que sitúan al país en la normalidad de los estándares internacionales.

En cuanto al carácter, el profesor definió al venezolano como un ser profundamente tolerante, amplio y sincrético. Destacó que el país posee una amalgama de creencias donde conviven armónicamente el cristianismo con raíces indígenas y africanas, ejemplificado en el reconocimiento masivo a figuras como Simón Bolívar, el Dr. José Gregorio Hernández y María Lionza. Asimismo, Britto García salió al paso de las calumnias que tildan al pueblo de «poco trabajador», afirmando que las estadísticas demuestran una ética laboral inquebrantable y un sentido de responsabilidad absoluta hacia la familia. Resaltó la estructura matricéntrica de la familia venezolana, donde la mujer ejerce una rectoría dinámica y protectora, un rasgo fundamental que sostiene el tejido social de la nación incluso ante las dificultades materiales derivadas de las agresiones externas.

Noelí Pocaterra: Siglos de resistencia y el renacer de la dignidad ancestral

Por su parte, la diputada y lideresa indígena Noelí Pocaterra ofreció un testimonio histórico y combativo sobre la trayectoria de los pueblos originarios desde la invasión de 1492. Pocaterra denunció los siglos de discriminación, despojo y violencia que intentaron borrar los idiomas y las culturas de los 52 pueblos indígenas del país mediante políticas asimilacionistas de gobiernos anteriores. Explicó cómo se intentó convencer a las comunidades de que sus saberes médicos y espirituales eran «brujería» y cómo se les impuso una educación ajena que fomentaba el rechazo a sus propios nombres y raíces. Sin embargo, enfatizó que los pueblos originarios nunca mantuvieron una actitud pasiva, protagonizando hitos de rebelión que hoy, bajo el marco de la Revolución Bolivariana, han sido reivindicados como el Día de la Dignidad Ancestral.

Pocaterra relató con detalle el proceso de convergencia política con el Comandante Hugo Chávez, que permitió «desempolvar» los derechos indígenas para incluirlos de forma transversal en la Constitución de 1999. Este avance jurídico, recordó la diputada, no fue gratuito, sino fruto de una batalla campal en la Asamblea Nacional Constituyente donde el apoyo de figuras como Nicolás Maduro fue decisivo para visibilizar a los pueblos originarios en el preámbulo y en capítulos específicos de la Carta Magna. Finalmente, destacó logros institucionales sin precedentes como la creación del Instituto de Idiomas Indígenas, dirigido por sabios ancestrales, y exhortó a las nuevas generaciones a no rendirse y a persistir en la defensa de su identidad cultural, asegurando que el reconocimiento de la herencia indígena es una pieza clave para la unidad y la soberanía definitiva de la Nación venezolana.

La jornada concluyó con una reflexión compartida sobre la necesidad de blindar la identidad venezolana frente a los constantes ataques simbólicos y materiales. La convergencia de las visiones técnica, histórica y ancestral permitió reafirmar que la nación no es un concepto estático, sino una construcción dialéctica de resistencia. Al integrar la planificación estratégica, el rigor intelectual y la cosmovisión originaria, Venezuela consolida una defensa integral que reconoce en su diversidad cultural y en su conciencia histórica la mayor fortaleza para garantizar la paz, la unidad y el respeto irreversible a su destino soberano.